Las iniciativas de crowdfunding son potentes, muy potentes. ¿Cuán potentes?  Tan potentes, que Zack “Danger” Brown creó su primer proyecto en la plataforma Kickstarter pidiendo a los usuarios que donaran en conjunto USD10 para financiar su primera ensalada de papa. Una semana y más de 1/3 de millón de acciones más tarde, la ensalada de papa de Zack Brown había conseguido más de USD40.000 en promesas de donativos.  ¿Una ridiculez? Tal vez algunos así lo crean. Sin embargo, otros piensan que la ensalada de papa de Zack Brown nos permite vislumbrar en cierta medida hacia dónde va la Internet de las cosas.
 
En esencia, el fenómeno de crowdfunding gira en torno de la conexión emocional con un producto o una persona. Las inversiones no responden necesariamente a la viabilidad del emprendimiento, sus posibles resultados, la cadena de suministro ni la identidad de los inversores ángeles que ya han invertido en la iniciativa.  En cambio, giran en torno de lo que despierta interés, ya sea un plato frío o un dispositivo conectado. Por eso, hacer un seguimiento de cómo se invierte en plataformas de crowdfunding puede ayudar, desde ciertos puntos de vista, a anticipar el futuro de la tecnología.  Sobre la base de algunas de las tendencias actuales, hay algunos movimientos (no relacionados con alimentación) que parecen ganar fuerza rápidamente.
 
En primer lugar, hoy no son pocos los emprendimientos surgidos del eterno problema de no saber donde uno dejó sus cosas.  Como la mayoría de las personas, tiendo a no recordar dónde dejé mis cosas, y eso me sucede casi siempre en el momento más inoportuno.  Basta con que esté saliendo de casa con dos minutos de margen antes de que empiece mi entrenamiento de un equipo de niños de tres años para que me dé cuenta de que no tengo las llaves y no las encuentre por ningún lado. Según parece, eso no me pasa solo a mí, porque hoy existe una industria pujante en torno a ayudar a las personas a encontrar lo que han perdido.  Distintas empresas, como Tile, TrackR, XY, Findster y iFind han desarrollado "tecnologías para encontrar lo perdido", de modo que ya no volvamos a extraviar llaves, equipaje, billeteras, teléfonos, perros y gatos... o al menos no por mucho tiempo.  Estos productos se colocan en los objetos o mascotas que no queremos perder y emplean una variedad de métodos para indicarnos dónde están.  Algunos ya son bastante populares (por ejemplo, Tile ya recaudó fondos por dos millones de dólares).
 
También surgen iniciativas en torno al problema de no poder acceder a lo que uno necesita porque se agotó la batería de un dispositivo: Legion Meter, Go Plug Bags, CHARGEKEY, Umbrella USB, SPOR, Gokey, Fuelbox, y XS Powercard ocupan este espacio cada vez más poblado. Según parece, las primeras surgieron de la combinación de una creciente dependencia de aplicaciones de teléfonos inteligentes y la duración insuficiente de las baterías de esos dispositivos. Existen diversos formatos con los que se aborda el problema desde ángulos levemente diferentes (cargadores rápidos, cargadores integrados en bolsos, cargadores con forma de tarjeta de crédito, cargadores solares, etc.).  Estas iniciativas ya han atraído más de dos millones de dólares en inversiones, y piden a gritos el desarrollo de tecnología de baterías nativa más avanzada... y ya.
 
Por último, están los emprendimientos que se ocupan de decirnos qué contienen las cosas:  este nicho todavía no está muy desarrollado, pero es muy posible que afecte nuestra vida de manera sustancial. Un participante, Tellspec, ya ha recaudado USD380.000. Si bien existen distintas versiones de diferentes productos agrupados en este espacio, todos hacen más o menos lo mismo: analizan e identifican el contenido de los alimentos, las bebidas o el entorno. Dado que mi hijo es gravemente alérgico a ciertos alimentos, esta es una de las tendencias que SIN DUDA me resultan más atractivas, ya que una de las aplicaciones fue pensada para determinar qué alérgenos contiene tal o cual comida. También pueden decirnos si una manzana contiene pesticidas o cuántas calorías hay en una papa frita.
 
Los inversores que se suman a las iniciativas de crowdfunding, quienes están on line desde cualquier parte del mundo, hablan sin parar de lo que quieren y de aquello con lo que quieren conectarse y, a la vez, nos permiten echar un pequeño pero fascinante vistazo al futuro de la Internet de las cosas.

Ahora, si me lo permiten, debo ir a perfeccionar mi receta de ensalada de papa.